Esto que ahora suena más viejo que el yo-yo, más antiguo que la gramola, que parece sacado del refajo de doña Francisca, la de Cuenca, fue un día lo más moderno del mundo. Escribir así, decadente de sí, con polilla, con recuerdo vago, con perversión.  A los bachilleres que fui -fui varios bachilleres y por eso soy genial-, nos ponían de lectura obligada la Sonata de otoño, y es milagro que algunos hoy en día, pasadas tres décadas casi, sigamos leyendo libros. Incluso: sigamos leyendo a Valle-Inclán. A Valle-Inclán se le dejará de leer porque, con el paso de los años, su...
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Cuando me veo con ocho o nueve libro sobre la mesa, unos comprados, otros regalados, otros sacados de la biblioteca, comprendo a  las estrellas del pop mundial: es imposible follárselas a todas. Es imposible. Lo intentas, le dedicas horas, pero al final hay que reconocer la evidencia: el amor es limitado. Tengo a medias tres libros. Si un libro lo dejas a medias, lo tienes a medias, quizá no sea el mejor libro del mundo, porque entonces no leerías otra cosa; pero hay veces que los libros se pasan al lector durante unas horas, que te le a ti que yo voy a descansar, como si...
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