Leer no es una obligación; sin embargo, cuando un escritor encuentra a un lector, cree que le debe algo. Algo tan simple como abrir su libro. Lo cierto es que hay tantos libros que si una persona tuviera que abrir todos los que se editan en un año -sólo abrirlos- no tendría tiempo para cerrar la puerta de su casa con cerrojo, y seguro que se le colaba algún poeta en la cama, para recitarle sus putos versos, que efectivamente nadie lee.  ¿Tú lees? Pues léeme: así piensan muchos.  O: Me interesa lo que haces; te voy a enviar mis libros. (sic) ¿Tú follas? Pues chúpame la...
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