Me dio pereza cuando lo hojeé por primera vez porque echar a andar una novela con el palique de los personajes se me antoja barato y previsible. Uno puede llenar mil páginas en dos semanas haciendo que dos personajes -dos señoras- conversen. Pero Distancia de rescate ha vuelto a cruzárseme en la biblioteca y le he dado una segunda oportunidad. Si ya desconcierta volver a leer un libro cuyo encanto inauguraste hace años, y que te parezca una mierda, o cuya mediocridad certificaste para ahora echarte a llorar de placer, fíjense qué horror para el criterio esto de la segunda...
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