En la creencia de que la gente lee, los consejeros literarios disuaden con insistencia a los autores de publicar libros "de los que no estén seguros". Como la gente no lee (aparte de mí), todo esto ya da un poco igual. Pero nos vale para pensar en la continuidad de la fidelidad lectora, cuyo mayor éxito es ese dictum glorioso que oyen a veces los escritores: He leído todo tu obra. Para que lean toda tu obra, lo mejor es escribir poco, nada; un libro. Si escribes más, el caos reina. Empezar ahora mismo por Javier Marías es difícil: unos te dirán que leas Los enamoramientos...
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Con Yates todo estaba siendo mala suerte. Primero, Tao Lin. Después, Las hermanas Grimes. Primero, un taiwanés cuarterón que al aburrimiento de vivir lo llama, por antonomasia, Richard Yates, al objeto de recamar la tumba del autor muerto con una nueva capa de fondant amarillo fracaso. Después, una novela verdaderamente insufrible que reseñamos con ascuas en los ojos hace meses o años: aquí. Gracias a dios, siempre damos una segunda oportunidad; incluso una tercera. Once maneras de sentirse solo son once cuentos compañeros, finos, memorables. Al menos tres son maravillosos...
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Dejémonos de tonterías: "Tony Wilson era de mediana estatura, de hombros anchos y buen físico. Tenía el pelo castaño, ondulado, arreglado como al descuido sobre la frente y alrededor de las orejas, boca llena, de expresión humorística..." (Pág. 30)       Alguien que escribe esto en 1976 no puede pretender ser leído en 2011; salvo por algunas señoras a las que todavía se les aguantan las gafas de carey, con cadenita, sobre sus cuerpos momificados y nostálgicos. Alguien que describe un cuerpo y luego resume o aborta su propia descripción con la desgana sintagmática de "buen...
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