Ya comenté aquí hace no pocos años el ensayo Rebelarse vende, del que La revolución divertida puede ser un aliado idóneo para descreer definitivamente del primer sustantivo de su título. La revolución como frivolidad.  Había oído hablar en su día del ensayo de Ramón González Férriz y sólo ahora, porque lo he oído nombrar en algún sitio, me ha dado por conseguirlo. Es un libro que se lee bien, con el que se discute y se aprende algo; un libro, sobre todo, que no da el coñazo. Son 180 páginas que comienzan con una introducción quizá demasiado optimista. El autor nos anuncia...
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