La noche unánime, zapateaba Borges, en algún cuento, jogo bonito de la escritura, copiable además: el aire unánime, su unánime mirada, incluso un Unamuno unánime y cabezón nos valdría para importar talento ajeno, y en realidad estoy haciendo tiempo para que el juicio de este post no lo vean en el anticipo textual de Malherido.com aquellos que no se han suscrito. Ni Herralde. Es regulera, En la orilla. Eso es lo que he venido aquí a decir. Pero volvamos a lo unánime, no ya nocturnal, sino a las claras del día. La crítica ha sido jodidamente unánime al declarar este libro...
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