He caído en este libro después de hojearlo hace años en una librería y calcular que tendría más dedicatarios que lectores (en un poner), de modo que casi era mejor esperarme a que Marina me dedicara un cuento y así entrar en su casa literaria con propiedad y bendiciones. Quien me sigue sabe que, aparte de la paz en el mundo, lo que más me molesta es un libro dedicado a todo Occidente. Un innecesario prólogo de Ray Loriga da paso a la primera dedicatoria: Antonio Muñoz Molina. Ha dicho hace poco Elvira Lindo que Muñoz Molina es un hombre generoso, abierto a la juventud...
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