Habría que pensarse si para un autor es más afortunado alcanzar una voz propia, y entonarla sucesivamente hasta la muerte, o disfrutar de la condición ventrílocua e ir sorprendiendo a los lectores a cada paso. En España -y este post y este tiempo son muy España-, desde Cela y los cafés, se ha considerado insoslayable tener un estilo propio e intransferible, un bonometro literario en suma, que resista la prueba tan siglo XX de que, abriendo un libro por cualquier página y leyendo apenas unas líneas, uno sepa que eso es de Cela, de Benet o de su puta madre. Manuel Vilas es...
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