Debo a la conjunción de un pesado y de una biblioteca el descubrimiento de Manuel de la Escalera. El pesado inquietaba al fondo de un pasillo, obviamente. El pesado es Gregorio Morán, cuyo libro El cura y los mandarines inquietó también al fondo de mi cuenta corriente: qué malo era. En él, con lo malo, venían algunas líneas de investigación o de lectura interesantes. Un nombre: Manuel de la Escalera. ¡Vaya nombre! ¡Vaya nombre para pasar a la historia! ¡La historia de una escalera! ¡Las instrucciones o el manual para subir una escalera! Etc. Morán recomendaba con...
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