Si ya dijo Pascal, en sentencia resobada, que todos los problemas de un hombre derivaban de su incapacidad para quedarse a solas en su propia habitación, hemos de concluir que la distancia en verdad insalvable entre este Gonchárov y los Tolstoi, Dostoievski y Chejov (incluso: entre Goncharov y los Lermontov, Gogol y Turguenev, remesa de repuesto de la literatura rusa del siglo XIX) se debe precisamente a que Goncharov sí sacó a su personaje de su habitación, y lo hizo vulgar. Las 200 primeras páginas de esta novela de 648 (la leímos en Alba Clásica) proponían una...
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