Casi es mejor dejarse sin leer escritores, practicar un prejuicio idiota que haga que, después, años y años después, uno pueda descubrirlos como si nadie le hubiera hablado de ellos. Cuando los 90, cuando el dream team british, cuando Anagrama parecía publicar sólo obras maestras, Ian McEwan estaba en tercer, cuarto... no sé si quinto ligar. Primero Amis, luego Barnes, que eran como Oasis vs. Blur: de tanto atizarse, se daban fama. Luego el hindú, Kureishi; luego el asiático, Ishiguro. Luego, bah, qué más daba si luego venía McEwan. Sin embargo, con el paso de las décadas...
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Pues este es el primer libro de Ian que me leo entero. Así somos los expertos en literatura. El motivo yo creo que está en el grupo, la mafia, el movimiento o incluso la ola. Cuando uno va hacia la ola, va hacia la cresta de ola, hacia la espuma de los días. No se moja con todas las gotas de ola. No es la ola, el movimiento, el grupo una democracia de la recepción. Hay nobleza hasta para catar. Por si alguien no lo ha pillado (estoy con sueño): que si vendes diez escritores, incluso sólo 4, en packs de supermercado, seguramente uno se quede sin leer y se caduque. Casi...
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