Como no puede ser menos, yo detesto los libros de Guillermo Cabrera Infante. Incluso él mismo no me caía muy bien. Cuando ganó no sé qué premio, Cervantes, Asturias, Nobel, no se cuál, Caballero Bonald lo despreció diciendo: es un tipo que colecciona películas y hace juegos de palabras. Ciertamente tener la casa llena de cintas VHS -visto desde hoy- resulta lo más ridículo del mundo. Jugar con las palabras, no tanto. Pero es que GCI hacía novelas malísimas sólo para meter un jueguecito. Nunca soporté Tres tristes tigres, salvo el título, o La Habana para un infante difundo...
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