Un poco una puta mierda. Este sintagma me ha acompañado desde que acabé de leer El cura y los mandarines hasta este momento pentecostal en que me dispongo a escribir sobre el polémico ensayo. Un poco una puta mierda. Después de cinco u ocho años dando la contra, dando el coñazo, dándome de testarazos contra los muros más próximos ante las baratijas que habitualmente nos quieren vender como alta literatura, todo hacía presagiar que la enmienda a la totalidad que el sr. Morán plantea en su ensayo tras una década cebando el mortero -si acaso un mortero se ceba, que, la verdad...
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