Notarán los que quieran que, aquí, de vez en cuando, echamos la vista atrás y las manos abajo y sacamos del arcón polvoriento de la literatura española un libro cualquiera a ver qué pasa. Casi siempre pasan cosas buenas. No es raro que uno no hubiera leído, qué sé yo, Un hombre que se va, las fascinantes fastuosas facsimilares memorias de Eduardo Zamacois; tampoco es tan extraño que hayan tenido que pasar varios siglos en el mundo y algunas décadas sobre mí para llegar a leer Vida del capitán Alonso Contreras; raro, ahora sí, es que haya leído uno tan tarde La novela del...
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