Estos italianos juguetones y ociosos (juguetón es el que juega; ocioso, el que se ve obligado a jugar) nos gustan más que otros italianos, tantos italianos, que traen y traducen y cuentan la droga o las Asias; más que esos italianos, muchos italianos, que hacen el relato de la nata, el relato del fútbol, el relato juvenil no juguetón de las Italias ignotas. No sé qué digo pero me sueno fetén. Yo a Manganelli lo veo condenado a balda polvosa de biblioteca de Usera, a edición mini en sello con pasta. No es Italo Calvino, pero se le parece por arriba. Miren su cara, su foto...
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