Cuando Sergi Pàmies tituló sus cuentos La gran novela sobre Barcelona, ya sabíamos todos que aquello no era una novela: ahora, con Mi gran novela sobre La Vaguada, sabemos enseguida que no estamos ante una gran novela. Ya llevamos como dos décadas aguantando la gilipollez de alta/baja cultura, oyendo reivindicaciones de los TBOs, los videojuegos y los cromos de los Phoskitos como producto artístico a la altura de Van Gogh. El monito cultural que así nos interpela, blandiendo su banana wharholiana, no quiere realmente impugnar una jerarquía, un canon, una cátedra de siglos...
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