De hecho, lo mejor que habia leído -que recordaba haber leído- de David Foster Wallace era ese ensayo o crónica, esa excusa esportiva, que aparecía en Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, y que se titulaba también tan largo; era: El talento profesional de Michael Joyce como paradigma de ciertas ideas sobre el libre albedrío, la libertad, las limitaciones, el gozo, el esperpento y la realización humana. La gente que pone títulos largos, los escritores que los ponen, yo creo que son imbéciles. Pero esto es sólo una intuición. Lo innegable es que ponen...
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