Pues no fue hace mucho que me dio por leer por primera vez a Hipólito G. Navarro, cuyo nombre, tan particular, no podía uno haber pasado por alto a lo largo de tantos años de bibliotecas y referencias, pero que, por lo que sea, lo que es leer, nunca había leído. Grande del cuento, esa era la etiqueta que acompañaba su nombre. Ser grande del cuento es un poco como ser el más alto de los enanos. Esto lo digo por decir: por buscar la frase loca. Grande del cuento, muy bien. ¡Grande del aforismo! El caso que es que leí Los últimos percances, que creo que era un todo cuento de...
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