Qué bello ese adoquín milhojado, ese desplome de papel que le han hecho a Blas de Otero para juntar todas sus cosas. La poesía era, en efecto, un arma cargada de futuro, con forma de obras completas. Pesa y puede. Blas de Otero es un poeta menor, cercano, que le quieres. Es tan inteligente como tu portero -quien lo tenga- o como tu perro, o como tú mismo cuando eres tonto. Quiere decirse que esto no es Basil Bunting, al que no se le entiende nada, ni TS Eliot, ni tal. Pero tampoco es Antonio Gamoneda, al que se le entiende enseguida que no tiene nada que decir, y por eso...
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