El diario no tiene otra razón de ser que la celebración de la cotidianidad. Uno escribe un diario porque no le pasa nada, sólo esa vida en paños menores que ni sale en la prensa ni le interesa a tus amigos. Se hacen diarios para escucharse vivir, y cuando esa escucha es atenta, descarnada, luego parece que se ha hecho un libro para los otros. Cuanto más consciente es un diarista de que finalmente alguien le va escuchar, peor sale su diario. Julio Ramón Ribeyro perdió el rumbo de los suyos cuando empezó a darse cuenta de lo bien que le estaban quedado, y así lo consigna....
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