Peligro: obra maestra

La mejor de las opiniones expresa hoy Lector Mal-herido sobre El bigote, de Emmanuel Carrère:

No sé qué hueco o inhibición, qué circunstancia o capricho, cuáles criterios o cuántos motivos ha encontrado Anagrama en 2014 para publicar esta novela de 1985. Ojalá la hubiera publicado en 1986.

... que levante la mano el dueño de un piso que no haya pagado una parte en negro... (raudo 305)

La corrupción es una pasividad conveniente, y no tanto un modo activo de enriquecerse con dineros marginales, y por eso hay tantos "corruptos", porque hay muchos "pasivos", personas que llegan y no quieren molestar, resultar discriminados por su oposición a las costumbres del lugar (el ayuntamiento, la literatura, las oficinas de una empresa), y, cuando se quieren dar cuenta, ya están incorporados a la mecánica tradicional gracias a la cual funcionan las cosas (la corrupción es, también, un modo de que las cosas funcionen, como escribía alguien en su Historia de la corrupción, un italiano,

Par o impar: Steve Tesich y Virginia Woolf

Dos extraños compañeros de post hoy en Lector Mal-herido: la novela Karoo, de Steve Tesich, y los artículos reunidos en Leer o no leer, de Virginia Woolf.

Os lo juro: es posible leer una reseña de Virginia Woolf sin enterarse en ningún momento de qué puto libro está hablando.

Post completo, AQUÍ.

Los diarios de André Gide

Lector Mal-herido acaba de reseñas Diario, de André Gide. Así comienza el post:

El diario no tiene otra razón de ser que la celebración de la cotidianidad. Uno escribe un diario porque no le pasa nada, sólo esa vida en paños menores que ni sale en la prensa ni le interesa a tus amigos. Se hacen diarios para escucharse vivir, y cuando esa escucha es atenta, descarnada, luego parece que se ha hecho un libro para los otros.

raudo 296

Al tiempo que se desarrolla la noticia de que la práctica totalidad de los directivos y consejeros de aquella Caja Madrid hoy desaparecida dispusieron durante años de unas tarjetas de crédito singulares, con las que podían hacer prácticamente todo el gasto que les apeteciera, cae en mis manos el libro Los millones de Brewster, obra publicada en 1902 por George Barr McCutcheon, y que cuenta una historia que conozco por la televisión, por alguna película, pues nueve veces se ha llevado al cine esta novela, aunque su argumento uno diría que procede directamente de la tribu capitalista, de los

Imperdonable

Lector Mal-herido no le pasa una a AM Homes, que acaba de infligirnos su Ojalá nos perdonen.

Un extracto de la reseña:

En un gesto muy de mediocridad española (incluso: hispana), el libro termina con un agradecimiento comunal, a cerca de treinta personas. Cuantas más personas comparecen en los agradecimientos de un libro, más talento social tiene su autor para tapar un muy escaso talento literario. Esto es, sencillamente, indiscutible.