raudo 263 (2)

Como le sigo en Twitter -creo que hoy me lo crucé por la calle, además-, a veces entro en las cosas que escribe Jorge Bustos, articulista treintañero de la escuela castiza o española, umbraliana o ruaniana, ese columnismo de ilustrado irónico, canalla de boquilla y macho sensible, un columnismo -aunque quizá no lo parezca, tras definirlo como lo hice- que es muy de mi agrado, pues entiendo la columna diaria como un texto incendiado e incendiario, directo, vivo, cabrón, urgente, sin miramientos, y no como prosas reposadas y diligentes, y pinchando las cosas de Bustos llegué el otro día a otros nombres: David Gistau y Manuel Jabois, ambos del mismo palo que Bustos, y no en vano Bustos los cita como "amigos" suyos, nada extraño al hilo de las prosas que despliegan y de los medios -normalmente conservadores- donde las practican, y pinchando de nuevo, llego a una entrevista con Manuel Jabois, donde dice que no tiene ideología concreta, perfilable, ni dioses con templo bendecido, y que, si acaso de algo es, es del Real Madrid, que su única relición es este club de fútbol, algo que también puede pensarse de Gistau y de Jabois, pues ambos paran la circulación de su torrente sanguíneo cuando juegan los de blanco, y dedican metáforas y vuelos líricos varios a un penalti o una tarjeta roja, a un fichaje discutible, a todos los sudores conocidos del diccionario: decía Francisco Umbral que él leía, de mozo, a los escritores de derechas, a los columnista reaccionarios, porque tenían mucho mejor español, como es lógico, algo que también puede decirse -salvando distancias derechas y jueces de línea- de Bustos/Jabois/Gistau, que escriben vergonzosamente mejor que cualquier articulista de izquierdas, donde prima la catadura neutra del castellano, las redacciones escolares de 7 y medio, y, con todo, a mí lo que me intriga es lo futbolero, ese sudor, va dicho, ese motivo para el pincel: los jugadores corriendo tras la pelota, que sea el Real Madrid la pasión concluyente de estos periodistas con trozo reservado en los papeles, que midan el mundo desde la cal del campo, que haya que esperar al comienzo del partido para saber en qué creen.

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