La mala entrevista 1: Luis Magrinyà

El escritor y editor Luis Magrinyà contesta hoy largo y tendido a más de una decena de preguntas en el blog Lector Mal-herido.

Un extracto de "La mala entrevista 1":

En la Wikipedia te incluyen en la llamada -no sé por quién- Generación Inexistente. Como etiqueta, y hasta como llamada de atención, la veo adecuada. ¿Te consideras un autor inexistente? ¿Te consideras, de hecho, parte de una generación?

Sí, ¿quién se habrá inventado eso de la Generación Inexistente? Yo no puedo quejarme de la atención recibida. De hecho, me considero famosísimo y con mucho éxito, jajaja. A pesar de las risas, lo digo en serio: todo esto de los premios, el éxito, la visibilidad está tan sobredimensionado… Cuando pienso que en literatura, desde que debuté, he hecho siempre lo que he querido (dentro de lo que he podido, claro) y sigo haciéndolo, no puedo sino sentirme agradecido. Así que no, no me considero un autor inexistente para nada, y además no lo soy. Respecto a si formo o no parte de una generación, posiblemente, pero no lo sé. Cuando salí en 1993 con Los aéreos y acababa de salir también Ray Loriga, que era bastante más joven y tenía más números para ser considerado literatura generacional, ya dije que, aunque para nada hacíamos lo mismo, yo reconocía perfectamente las cosas de las que él hablaba. No sé si él reconocía las mías, pero creo que ahora, con la distancia, quizá pueda verse hasta qué punto una serie de autores estábamos todos hablando de lo que nos ocurrió en los años 80. Es probable que los autores que debutamos a principios de los 90 estuviéramos todos contando los años 80. Yo desde luego lo hacía. A lo mejor no se notaba, pero lo hacía.

¿Qué monstruo surge de ejercer al mismo tiempo de escritor y de editor?

Pues el monstruo del escritor que escribe poquísimo. Y un monstruo aún peor: el del escritor al que le parece bien escribir poquísimo.

En Los dos Luises y en “Diez minutos después” (Habitación doble) pareces hacer una disección de determinados entornos de la cultura española, con personajes que quizá tengan un equivalente muy fiel en la realidad. ¿No hay quizá demasiadas novelas sobre escritores, por ejemplo, pero muy pocas sobre cómo funciona verdaderamente el mundo editorial?

Seguramente. Pero creo que la razón es la siguiente: a los escritores no nos gusta que nos consideren individuos gremiales, cosa que sin duda somos, ni tipos que politiquean, y eso fue lo que traté de exponer en Los dos Luises, una novela que era novela porque era muy novelera, pero que a mí me gusta más pensar como una declaración. En algunas partes fue muy mal recibida precisamente porque estaba centrada en la personalidad social del escritor, en su papel en los ámbitos de poder… algo que aún nos cuesta admitir. Uno de los dos Luises era una mezcla de Muñoz Molina y de Prada, algo que parece que contradice el «consenso», pues suelen considerarse figuras opuestas, pero para mí son exactamente lo mismo, y además me interesaba resaltar hasta qué punto lo son y cómo quedaba coherente poner en un mismo personaje cosas de uno y otro. Me hizo mucha gracia el crítico Jordi Gràcia cuando dijo que la novela trataba «un tema anodino»: trataba, ciertamente, de él y de gente como él, y hay que ver lo interesado −e interesante− que resulta que gente como él se vea a sí misma como «tema anodino». Implica una total desvinculación del chanchullo, del poder, esa cosa fea con la que la gente de la cultura no nos mezclamos. No releo mis libros y no sé qué tal aguanta ese en particular, pero el plan era desmontar esa idea falsa, y sin embargo tan repetida como desmentida cada día por la realidad, de que los escritores e intelectuales no tenemos el poder o no participamos de él. Sin releerla, diría que puede que no haya perdido ni un minuto de vigencia casi quince años después, y menos aún en todo lo que plantea sobre lo que es el trabajo, uno de mis temas preferidos.

[Puedes leer la entrevista completa AQUÍ]

Añadir nuevo comentario