El tapador (raudo 121)

Os copiamos íntegro el raudo que hemos publicado hoy en Hikikomori:

Ir o no ir, preocuparse o no preocuparse, hacer o no seguimiento ("hacer siguimiento o no", "hacer o no hacer seguimiento": qué será más correcto), he ahí la cuestión cuando uno publica un nuevo libro (y no el primer libro, donde sí es lógico, fatal, infantil, ir y preocuparse y hacer seguimiento), pues uno, con el nuevo, tiene ya pocas cosas que ver -prensa, reseñas, librerías, lectores comunes: no hay más- y casi es mejor ahorrarse un disgustito, un principio de paranoia, las grandes conspiraciones de la vanidad; pero me pillaba de camino y decidí -ayer, antesdeayer- entrar en alguna librería, y en concreto en la Fnac se produjo ese "principio de paranoia", pues subí a la cuarta planta, donde se venden los libros, y busqué el mío quizá con cierta prisa, como cuando uno busca una cara conocida y mira poco, se detiene apenas, pues piensa que los rasgos asumidos sobresaldrán de entre la masa con soberanía imponente; sin embargo, no veía yo mi libro, andandito por la planta cuarta de la Fnac, donde venden libros, no lo veía en el "balcón", junto a las escaleras mecánicas, ni tampoco en las "mesas de novedades", de modo que me quedé parado en medio de ninguna parte y de los libros, pensando, finalmente me fui al "lineal", o sea sé, las estanterías propiamente dichas, que es donde están los libros que no se van a vender, o con cuentagotas se van a vender, todos verticales, irreconocibles, arrumbados, en columnario, y en la O -de Onetti, pero también de Fernando Olmeda, pues el orden alfabético y el mercado mezclan que da gusto, sin mayores miramientos; y cuántos presentadores de televisión escriben libros hoy en día o, al menos, los publican-, en la O, digo, no vi tampoco mi nuevo libro, ni, en puridad, ninguno de mis ocho o nueve libros anteriores; en la O no había ningún libro de Olmos, con perdón; ay; y, a más a más, que diría Cataluña, se me ocurre destapar el lineal, el muro de contención de las letras, pues estas estanterías se llenan de libros en doble fila, tienen un fondo, para esconder libros o poner más ejemplares de aquel que trajeron en demasía, y allí sí, por fin -o por desgracia- había dos ejemplares, dos muestras probatorias, de mi última, nueva novela: ay; de modo que eso era todo, dos ejemplares escondidos, un gran "principio de paranoia", de modo que otra vez me quedé en tierra de nadie y en tierra de libros, hasta que, sin saber cómo, me vi levantando un libro de Ángela Vallvey de una de las mesas de novedades, y debajo de ese libro de Ángela Valley estaba una modesta pila -dos ejemplares- de mi última, nueva novela, también escondidos, pero ahora con más saña, pues recordé que con mi anterior novela, cuando también era nueva y última, di una vuelta por varias -tres, digamos- librerías del centro de Madrid, y en todas (en todas) encontré mis libro tapado, debajo de otro, uno que no era novedad ni nada, sino el que se tenía más a mano para la broma y la saña: es curioso pensar que hay alguien en Madrid que se dedica a ir buscando mis nuevas novelas por las librerías y a taparlas con otro libro, para que no se vean, no se compren, es curioso incluso pensar si el tapador elige con gran premeditación el libro con que obliterarme, si hay en ese Ángel Vallvey algún mensaje para mí, más allá del: que sepas que te detesto y te saboteo todo lo que puedo; a lo mejor es una lección que tengo que aprenderme, la Vallvey, otros, siempre autores que me quedan lejos; ojalá me taparan el libro con Onetti, ya que estamos alfabéticos, o con Bernhard o con lo nuevo de Fernando Vallejo, así al menos me sugeriría mi tapador relecturas o nuevos libros de grandes autores...

Añadir nuevo comentario